Puerto Vallarta prevé una ocupación hotelera del 82 % en Navidad y lleno total en fin de año

Puerto Vallarta continúa apareciendo en el top ten de las ciudades con menor percepción de inseguridad en México, pero el dato positivo comienza a mostrar fisuras preocupantes. El incremento de 29.5 por ciento en la percepción de inseguridad, registrado por la más reciente ENSU del INEGI, no puede ni debe minimizarse, aun cuando el destino turístico se mantenga mejor posicionado que la mayoría de las ciudades del país.

La percepción, aunque no siempre se traduce de manera directa en incidencia delictiva, es un termómetro social clave. Refleja el estado de ánimo colectivo, la confianza en las instituciones y la experiencia cotidiana de la población. Que hoy tres de cada diez vallartenses se sientan inseguros en su propia ciudad revela una sensación de vulnerabilidad creciente, especialmente delicada en un municipio cuya economía depende en gran medida del turismo y de su imagen de tranquilidad.

El aumento de 7.3 puntos porcentuales en apenas tres meses obliga a preguntarse qué está ocurriendo en el entorno inmediato de la ciudadanía. Factores como la presencia de hechos violentos de alto impacto, la difusión constante de sucesos delictivos en redes sociales, los conflictos vecinales, el deterioro de servicios públicos o incluso la percepción de impunidad, pueden incidir directamente en este cambio de ánimo colectivo.

Comparado con otras ciudades del país, Puerto Vallarta sigue estando en una posición privilegiada. Mientras urbes como Uruapan, Culiacán o Ecatepec presentan niveles de percepción de inseguridad cercanos al 90 por ciento, Vallarta se mantiene muy por debajo. Sin embargo, el consuelo estadístico no debe sustituir la acción preventiva. La experiencia nacional demuestra que los cambios en percepción suelen anticipar problemas estructurales más profundos si no se atienden a tiempo.

El reto para las autoridades locales no es solo contener la incidencia delictiva, sino recuperar la confianza ciudadana. Esto implica presencia policial efectiva, comunicación clara y oportuna, atención a conflictos cotidianos, fortalecimiento del tejido social y, sobre todo, resultados visibles. La seguridad no se presume: se construye y se percibe.

Puerto Vallarta aún está a tiempo. Mantenerse en el grupo de ciudades más seguras del país dependerá de que el incremento en la percepción de inseguridad sea leído como una alerta temprana, no como un simple dato estadístico que pueda relativizarse por comparación con escenarios más críticos.

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